Casi son las cinco de la mañana, aunque muero de sueño hace días que no puedo dormir bien, a pesar de todo el tiempo sentirme cansada no logro conciliar el sueño fácilmente, aunque quisiera. Llevo hoooras en la cama tumbada boca arriba con intervalos de ojos apretados intentando forzar el proceso y de mil pensamientos rondando de una forma y otra en mi cabeza.
A veces, tengo mucho miedo. Sonrío, actúo normal, hago mis labores diarias, salgo, socializó pero, al final del día, cuando me quedo a solas conmigo vienen esas cuestiones una y otra vez, no sé si estoy preparada, no sé de qué sea capaz hasta afrontar las situaciones de frente, no sé cómo reaccionar ante tal o cuál circunstancia, no sé qué quiero exactamente y no entiendo muchas cosas pero, de algo estoy segura: Dios está a mi lado.
Es cierto que muchas veces no comprendemos sus designios, que nos cuesta aceptar su voluntad pero, también es verdadero que no nos da más carga de la que podamos soportar. Hay ocasiones que pienso: "pues me ha de ver muy fuerte o me cree muy capaz porque yo no estoy segura de ello pero pues aquí vamos" y, es verdad, no siempre confío en mis capacidades y estoy temerosa y, no sé qué tan apegado al plan inicial salgan los resultados pero tengo que hacer el mejor intento.
Disculpen si digo una cosa por otra, aparte que tengo el don del Cantinfleo, la inspiración casi siempre me llega de madrugada con los ojos entreabiertos y, después al releerme me percato de múltiples errores pero, errores he tenido peores en la vida que escribir a horas en que otros se levantan y yo ni me he dormido.
Me está dando sueño y creo que escribir está logrando por fin que pueda descansar aunque sea un ratito. Pidan por mí, encarecidamente pido sus oraciones, diario sonrío pero muchas veces detrás de las sonrisas está un "necesito urgentemente recargar mis baterías para seguirlo haciendo", no le temo a hacer las cosas, le temo a no saber cómo hacerlas.