Acostúmbrese. No siempre seremos lo que hemos creído que llegaremos a ser en la vida, no por mucho que luchemos y nos esforcemos podremos serlo siempre, la vida es así y no siempre cumple nuestros ansiados caprichos. No lo digo con algún resentimiento ¡por algo pasan las cosas! Simple y llanamente pienso que tal vez eso no era para mí. En el fondo siempre vamos tras algo, pero es frecuente que los objetivos cambien, y no sólo para mí, el mundo vive un constante vaivén de sentires y pensares que no alcanza nuestra existencia para descifrarlos todos. A veces me asusta lo que pienso. No ahora. Tal vez esta noche estoy un poco acostumbrada a reconocer que yo, la que creen buena onda la mayoría de la gente, siente envidia. Y en verdad la siento pero con una envidia (que la buena no existe ¡maldita sea! ¡La envidia es eso y es feo!!!) que me hace sentir un halo de nostalgia por lo que pudo ser, por lo que desperdicié y jamás podrá llegar a tener forma. En la tarde esa misma sensación invadió mi cuerpo y sentí rabia (conmigo misma y con nadie más), pensé que muchas veces soy una inútil que malgasta su vida en tonterías y piensa en las cosas esas que no valen la pena una y otra vez hasta perder el tiempo de manera constante y al final darme cuenta que lo que noche a noche me quitó el sueño, no ha sido más que un atorón que me he armado en la mente… pero tal vez eso también tenga una razón en mi plan de vida. No soy buena, no del todo. Yo, la niña que reparte besos y abrazos, la misma que le pide a Dios bendiciones y le agradece lo que tiene, muchas veces injuria, muchas otras reparte rayos y centellas al que pasa a su lado por ninguna razón que no sea porque se siente decepcionada de sí misma, porque siente que pudo haber dado más de lo que dio en muchas ocasiones y porque reconoce su infinita mediocridad. Acostúmbrese. Ana se siente muchas veces culpable por no decir lo que siente, se arrepiente de haberlo dicho de manera atrabancada o como le dictó el corazón, también de haber actuado por un impulso loco, pero hoy… ese no es su humor. Ni el caso.
viernes, 29 de julio de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
No te extraño...
Anoche tenía mucho sueño, desde temprano, sin embargo por una cosa u otra como siempre hice maña y terminé acostandome más tarde de lo que debería, a pesar del cansancio enorme que que invadía mi cuerpecito, no podía dejarme envolver por los brazos de Morfeo y empecé a darme vueltas (no en la cama, pero sí mentalmente) vinieron a mi mente sucesos varios y comencé a leer los mensajes que tenía en mi teléfono para conciliar el sueño (método más eficaz que contar borregos)... mi mente tomó rumbos desconocidos y ¡a divagar se ha dicho!, pensé que mis blogs estaban algo abandonados y que hoy mismo debía hacer algo para darles algo con qué perder el tiempo, yo sé, yo sé que mis palabras inútiles no se comparan en nada a la recolección de frutas en sus granjitas virtuales, ni tengo comparación siquiera con fotos de desconocidos que nos llevan de un comentario a otro y te hacen terminar en un muro de alguien que ni en cuenta. No. Mi forma de (tratar) entretener es tan aburrida que pocos lo hacen. Pero anoche escribí esto que espero les guste. Hace rato que lo masticaba, descubrí que quizás una parte de mi adolescencia oculta salió a la luz, pues me recordó esta vieja canción popera. ¡Saludos!
No te creas, no te extraño.
Extraño tus manos sobre mi cuerpo,
nuestras piernas enredadas,
sentir tu corazón, tu aliento,
extraño el olor que desprendía
el roce de nuestros cuerpos,
la calefacción en tu mirada,
los lunares de tu espalda...
pero a ti, no te extraño nada.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)