lunes, 23 de mayo de 2011

¡Qué no le digan!!!

Últimamente pasa que los demás creen saber lo que en mi vida sucede. Que si esto, que si l’otro, que si qué chingados… si digo porque dije, si no dije por que no dije, ayer en la noche alguien me dijo “es bueno saber que ya no me mientes” pero, ¿y si yo ignoraba eso? ¿Si me mentía a mí misma? ¿Cómo se puede ser sincera con otros cuando se miente a uno mismo?
Debo confesar, para que no anden con inventos y suposiciones lo que pasa en este instante por mi mente. Mi mente ha tenido tantísimo movimiento como las placas tectónicas que han hecho de mi razón, la forma más simple de volverme sentimental sobremanera y analíticamente cursi. Antes, hubiera presumido de un balance perfecto entre la masa blanda que habita en mi cabeza y el aparato tamaño de mi puño que me tiene con vida. 
Ya no sucede eso.
Confesaré que el domingo pasado, por primera vez en mis cuatro años dentro del coro, no tuve las mínimas ganas de ir, de hecho, no tenía ganas de ver a nadie, de escuchar a nadie, de interactuar con nadie, de no saber en lo absoluto nada de nada. Y pasé todo el día en pijama. Me bañé como a eso de las 5:30 de la tarde y me puse de nuevo ropa para dormir, me zambullí en la cama de mis papás y me puse a ver una película con gente de todo el mundo.
Ellos estaban ahí haciéndome compañía.
Y no me sentía tan sola.
Ni me molestaba su presencia.
Ahora bien, debo confesar que soy una persona que sueña mucho, no sé por qué pero relaciono mis sueños con acontecimientos en  mi vida. No todos, que quede claro. Sin embargo, han venido a mí como relámpagos fugaces que atraviesan mi cuerpo y han dejado ese eco retumbando en mi ser. Hay respuestas que no conozco y preguntas que siempre carecerán de ellas pero, sigo preguntándome ¿qué es lo que está pasando?
Hace un mes escribí, bueno el 22 de abril: “Llévese los recuerdos sinsentido y los perturbadores sueños que confunden mi atarantada existencia por el precio de uno, o bien, cambio ambos por un poco de tranquilidad mental”. Hoy, tengo la oferta en pie para quien guste aprovechar y llevárselos.
También debo decir que no tengo ganas, nadita de ganas, diría la canción, de ir mañana, por primera vez en mi vida, a la radio…
Tampoco he tenido la cabeza en orden como para hacer mi vida con ‘normalidad’, y es que me siento tan exhausta mentalmente hablando, que temo confesar que me canso más de estar pensando que físicamente.
Y no soy la misma.
No puedo serlo por más que lo intente.
No sé si me gustan las mismas cosas porque ni siquiera puedo hacer con plenitud lo que me gusta, y es tan, pero tan fastidioso eso. Escúchalo mundo, ¡No me puedo concentrar! Estoy en un momento en que siento la euforia por hacer las cosas y por hacerlas bien, pero también mi memoria ataranta mis sentidos y me hace perder el control de lo que tengo qué hacer. Luego, la mente me traiciona poniéndome recuerdos impropios en lugares no indicados y es común que cuando camino sola por la calle si me ven riendo, al ver sus rostros de “qué onda con ésta” me bote más de la risa. Así que si pasa, absténganse de sorprenderse al verme sonreír sola.
O pasa lo contrario.
Soy tan simplona que si me quedo meditando algo, cualquier estupidez, la gente piensa que porque no esbozo una sonrisa, estoy deprimida o dada al catre, casi, casi, a punto del suicidio en busca de víctimas cercanas a mi secta para hacerlo en grupo. Pues no. Ni al caso.
Yo no quiero que me entiendan, ni que pretendan hacerlo. Quiero simple y llanamente que sepan lo que está sucediendo para que se eviten la fatiga de poner a trabajar su cerebro inventando cosas que suceden en mi vida, según su imaginación, y de una buena vez dejen de estar suponiendo. Si no saben, pregunten, no pasa que no quiera decirles y ya, total, como me dijo Perlita hace muchos años en una carta “el No ya lo tienes”… y si tuviera huevos en lugar de tener sólo NO’s mi vida sería menos revoltosa en este instante.
Pero el instante es el que da vida al tiempo, según Proust. 
Y yo no quiero perder más mi tiempo en este instante.
¡He dicho!                                                                                                               

P.d. Tengo que revisar un putamadral de textos para el concurso de literatura y me da un caviar enorme re- leer, y leer, y ensayar la mandolina, y realizar mi bitácora, y lo único que tengo ganas de hacer es tener ganas de volver a hacer lo que tantas ganas he dejado de tener ganas de hacer. Como hacer todo eso que anteriormente mencioné. Voy a dormir. Amén.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario