lunes, 2 de enero de 2012

Crónica de fin de año


A decir verdad, confieso que a pesar de haber sabido realizar una crónica no estoy segura en este instante de estar redactando una, de hecho, lo titulé así porque me gustó cómo sonaba, simplemente.

         Les compartiré pues, la experiencia que viví para concluir el 2011.

         Siendo sincera, les compartiré que el último día una de mis mejores amigas contrajo nupcias, a las cuales por cuestiones que no publicaré no pude asistir. Sin embargo, (aunque mi alma vagaba a la boda de mi amiga y quería estar allá compartiendo su inmensa felicidad), presencié otra la cual me hizo sacar a flote (y a punto de la lagrimita en la esquina del ojo) mi lado más cursi y sentimental.

         Dios sabe por qué hace las cosas, no cabe la menor duda. El año que pasó fue totalmente excéntrico y me movió toditas las cosas que guardo en mi ser, tuve más claro lo que quiero (y lo que debo hacer para tenerlo), no ha sido fácil descubrirlo pero descubrí que visitando mi interior y escuchando el silencio puedo tener respuestas a mis interrogantes.

         Pues bien, lo anterior no es un párrafo más para llenar el texto, más bien lo enriquece de manera que podrá explicar lo que le sigue.

         Tuve la dicha de vivir el último día del año de manera distinta, no sabía qué cara poner respecto a todo (los últimos meses fueron desgastantes en varios aspectos) así que simplemente no tenía expectativas.

         Cerré el año en una ceremonia que me hizo recordar que el amor y la misericordia de Dios está tan presente en cada uno de nosotros. Fue emotiva porque a la novia tengo años (no recuerdo cuántos) de conocerla, esta es su segunda boda y, creo que es la primera a la que asisto de una joven viuda. Su carita estaba nerviosa, igual que a la del novio, francamente pienso que hacen una hermosa pareja y, me da gusto que Dios le haya dado la oportunidad de seguir adelante y sentir amor de nuevo.

         Me pregunté ¿cuántas personas quieren un amor y nunca lo consiguen? ¿cuántas a pesar de bodas y demás faramallas nunca logran sentir ese afecto tan sincero? Mil cuestionamientos vinieron a mi mente, pero no tuve respuestas. Creo que sería erróneo ponerse a plantear cifras sobre quién ama o amó de verdad, o sobre quiénes se casan porque el amor y la razón los une de forma (más o menos) equilibrada… no lo sé.

         Pasé una tarde a gusto, poco convencional y bastante relajada. Por la noche, como hace años iríamos a recibir el año en casa de una de mis hermanas, seríamos pocos (menos de los que siempre pues), pero la vida nos sorprende y tuvimos invitados a gente de fuera, fue muy lindo recibir a personas que nunca había visto. De dos reuniones chicas, hicimos una más grandecita y nos la pasamos bien.

         Entre el whisky y el tequila de la tarde, comida a reventar durante todo el día, uvas echadas al trancazo pa’ que nos se nos fuera el minuto 1 del primer día, sidra, abrazos y corridas con mochila al hombro, recibí junto a seres queridos lo que sería el inicio de este año que comienza y que estará abriéndonos sus brazos para compartir alegrías, tristezas, enojos, reconciliaciones, esperanzas, frustraciones y todas esas emociones que nos hacen sentir vivos. Ojalá sean muchas más cosas positivas pero en definitivo, si nos duele, es porque estamos vivos. (Y conste que no soy masoquista eh, ¡no se confundan! Jejeje).

         Terminé el año rodeada de amor, risas, chistes, locuras, gestos y chispitas brillantes en los ojos, con esperanzas brotando en mis entrañas y confusiones que serán cuestionamientos para que cuando charle con mi amigo Dios me haga el favor de iluminar mi camino como lo ha venido haciendo. Es cierto, volvieron a mí dudas, temores y una lucha campal entre lo que quieren mi razón y mi corazón, pero sé que al igual que lo hice el pasado y al igual que todos ustedes, saldré adelante y confío que allá arriba me darán la gracia para saber discernir con sabiduría, fortaleza, paciencia y equidad, lo más conveniente para mí.

Enero 02, 2012.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario