El otro día una amiga subió videos de carreras de autos y una foto con su hija, estando ahí. Recordé a mi papá. Más tarde vi las demás fotos que subió con toda su familia completa y recordé a plenitud aquellos días de mi infancia en qué íbamos por mi papá a aquellos lares.
Mi papá trabajó muchos años para una marca de lubricantes para automotores, parte de sus funciones era también asistir a eventos en el autódromo y él como sus compañeros, podían asistir junto con sus familias ya que se motivaba el ambiente familiar. Así lo hicimos muchas veces.
Cuando vi las fotografías de Eri, sonreí. Tuve una infancia realmente bendecida y afortunada, "tus hijos tendrán esos mismos bellos recuerdos que hoy atesoro y esa misma satisfacción de crecer con ambos padres", le dije y le alegré por sus criaturas.
Y es que, yo no recuerdo ni haber visto media vuelta de alguna de las carreras de autos a las que asistí, pero, recuerdo el olor a puro de los asistentes, la esposa del compañero aplastando las latas de refresco con una sola mano, la otra señora, esposa de otro compañero, correteando a sus hijos con la chancla (como en cada reunión, evento o paseo al que íbamos).
Mi hermano y yo correteábamos como chivos por ahí bajo las gradas con otros niños, bajo el sol y volviendo a con nuestras madres por algo de beber, nunca supe la duración de una carrera, para mí significaba ir a un encuentro con los hijos de los compañeros de mi papá, no un evento deportivo, mis hermanos y papás sí veían las carreras, todos nos asoleábamos y caíamos rendidos esa noche.
Tengo tantos gratos recuerdos en la mente y el alma que es la mejor herencia que me dejó papá, las sonrisas de lo vivido: lo vivido en familia. Espero pronto darme el tiempo y contarles otro episodio breve de mi infancia, de compartirles otro trocito de mi corazón hecho recuerdo y plasmado en este diario.
Bis bald.