sábado, 2 de julio de 2022

Autódromo

 El otro día una amiga subió videos de carreras de autos y una foto con su hija, estando ahí. Recordé a mi papá. Más tarde vi las demás fotos que subió con toda su familia completa y recordé a plenitud aquellos días de mi infancia en qué íbamos por mi papá a aquellos lares.

Mi papá trabajó muchos años para una marca de lubricantes para automotores, parte de sus funciones era también asistir a eventos en el autódromo y él como sus compañeros, podían asistir junto con sus familias ya que se motivaba el ambiente familiar.  Así lo hicimos muchas veces. 

Cuando vi las fotografías de Eri, sonreí. Tuve una infancia realmente bendecida y afortunada, "tus hijos tendrán esos mismos bellos recuerdos que hoy atesoro y esa misma satisfacción de crecer con ambos padres", le dije y le alegré por sus criaturas.

Y es que, yo no recuerdo ni haber visto media vuelta de alguna de las carreras de autos a las que asistí, pero, recuerdo el olor a puro de los asistentes, la esposa del compañero aplastando las latas de refresco con una sola mano, la otra señora, esposa de otro compañero, correteando a sus hijos con la chancla (como en cada reunión, evento o paseo al que íbamos).

Mi hermano y yo correteábamos como chivos por ahí bajo las gradas con otros niños, bajo el sol y volviendo a con nuestras madres por algo de beber, nunca supe la duración de una carrera, para mí significaba ir a un encuentro con los hijos de los compañeros de mi papá, no un evento deportivo, mis hermanos y papás sí veían las carreras, todos nos asoleábamos y caíamos rendidos esa noche. 

Tengo tantos gratos recuerdos en la mente y el alma que es la mejor herencia que me dejó papá, las sonrisas de lo vivido: lo vivido en familia. Espero pronto darme el tiempo y contarles otro episodio breve de mi infancia, de compartirles otro trocito de mi corazón hecho recuerdo y plasmado en este diario. 

Bis bald. 

jueves, 13 de febrero de 2020

Píldora.

Alguna vez en una clase de la universidad nos dijeron el origen de la frase "dorar la píldora", el cual viene de tiempos remotos en que las pastillas tenías un sabor feo y amargo (aún muchísimas) y, los boticarios para disminuir ese sabor tenían a bien rebozarlas en una sustancia azucarada dorada que cumplía con su labor (me imagino como una especie de caramelo).
Pues bien, algo así nació la expresión esa, de algo tan común y, es curioso cómo después de muchos años la farmacéutica ha ido renovándose: capa entérica, gel, efervescencia… y, nosotros seguimos cayendo ante una falsa sonrisa, antes palabras dulces y aduladoras, es increíble lo inteligentes que somos en tantos aspectos y lo ingenuos que seguimos siendo en otros, como dejarnos dorar la píldora, a sabiendas o no.

Día treinta, febrero 13 del 2020.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Libro.

Se quedó un momento en blanco, impávido ante el papel y con la pluma en la mano, había puesto un punto, no estaba seguro de poner dos más y quedar en suspenso, no supo si quería seguir o si sería el final, decidió que era final y aparte, porque la historia continuaría, pero ese libro ya estaba terminado.

Día veintinueve, febrero 12 del 2020.

martes, 11 de febrero de 2020

Trigo.

De niña siempre tuvo el cabello dorado y largo, su madre peinaba su lacia cabellera sentada en las escaleras de la entrada mirando el atardecer en esa vieja casa de campo en medio de la nada.
- Tienes el cabello como todos estos campos de trigo que nos rodean.
Le decía amorosa mientras pasaba el cepillo una y otra vez, en una ocasión empezó a jugar con su melena y le hizo varias trenzas, sonrió satisfecha porque tal trenzado semejaba a las espigas de trigo que tanto le fascinaban.
La cabellera de la pequeña niña brillaba con el sol de aquella tarde, era el plantío más bonito de todo el campo, el único que andaba de un lado a otro, mientras los trigales bailaban meciéndose a merced del viento como alabando al sol que se ocultaba entre los cerros, la niña corría entre ellos con los brazos abiertos, creyéndose una de ellos, sintiéndose feliz.

Día veintiocho, febrero 11 del 2020.

lunes, 10 de febrero de 2020

Fotografía.

Una fotografía, abrazados, sonriendo, en aquella feria, esa fotografía aprobada por ambos (en que los dos lucían bien), tomándose de la cintura, ella sentada en un banco alto, él parado a su lado, ella reposando ligeramente su rostro en el pecho de él, posando con una sonrisa auténtica como auténticos eran los momentos juntos, tomada con el celular de él, una promesa de pasársela después, una única vez que ella vio esa fotografía, mil veces de "la tengo guardada en la computadora", una vez de "la verdad no te la voy a pasar, cuando muera será tu herencia", una fotografía que jamás se imprimió ni puso en un marco, una promesa que jamás se cumplirá, porque lo que hubo entre ellos murió mucho antes que uno de dos.

Día veintisiete, febrero 10 del 2020.

domingo, 9 de febrero de 2020

Techo.

Todos tenemos un techo que nos cobija del que no siempre estamos consientes, ese manto azuloso con estrellas que inspira a poetas y artistas, o, ese enorme lienzo azul claro que se pinta de colores en el ocaso y que en el día se reviste de nubes y los rayos del sol, ese techo que es más visto y disfrutado por niños queriendo encontrar forma a las bolitas de algodón que ahí se encuentran. Otros, por desgracia no todos, contamos con un techo que nos cubra del frío, del sol, de la lluvia, de las inclemencias del tiempo, uno hecho de madera, cartón, lámina, fibra de vidrio, ladrillos, cemento o hasta vidrio, según el poder adquisitivo y la extravagancia. Pero, ese techo no se compara al primero, sí, nos conforta, respalda y da esa sensación de cuidado pero, ¿qué sentido tiene llegar un día y sólo poder ver hacia arriba postrado en una cama?, ¿qué sentido no ver el techo que Dios nos regala cada día y que siempre cambia si no volteamos a verlo?, ¿de verdad esperaremos a ansiar mirar otra cosa, a mirar las nubes y estrellas mutando que sólo ese pedazo de concreto, si es que a eso llegamos?
Nunca volteamos arriba, o casi nunca, ni para ver el techo de nuestra habitación o de alguna parte de nuestra vivienda, a excepción claro de cuando hay una gotera, tampoco vemos techos ajenos más que de museos o iglesias, o, al menos yo sí, pero en serio, se sorprenderían de la magnificencia que hay arriba.

Día veintiséis, febrero 09 del 2020.

sábado, 8 de febrero de 2020

Avión.

Julio se acomodó los lentes y el cinturón, sabía que era un vuelo riesgoso, hacía viento y cada vez se nublaba más, aún así siguió adelante, abrió la puerta del patio y con fuerzas lanzó el avión de papel que después de muchos intentos por fin pudo doblar y hacer que uno volara, en su imaginación era el mejor piloto, al ver el avión sacudiéndose por el aire que lo sacudía se sentía victorioso. Cuando empezó a llover y el avioncito se desplomó a una pileta que había donde los pájaros tomaban agua… "debí haber hecho un modelo híbrido por si había acuatizaje", pensó y se metió a ver la televisión.

Día veinticinco, febrero 09 del 2020.