De niña siempre tuvo el cabello dorado y largo, su madre peinaba su lacia cabellera sentada en las escaleras de la entrada mirando el atardecer en esa vieja casa de campo en medio de la nada.
- Tienes el cabello como todos estos campos de trigo que nos rodean.
Le decía amorosa mientras pasaba el cepillo una y otra vez, en una ocasión empezó a jugar con su melena y le hizo varias trenzas, sonrió satisfecha porque tal trenzado semejaba a las espigas de trigo que tanto le fascinaban.
La cabellera de la pequeña niña brillaba con el sol de aquella tarde, era el plantío más bonito de todo el campo, el único que andaba de un lado a otro, mientras los trigales bailaban meciéndose a merced del viento como alabando al sol que se ocultaba entre los cerros, la niña corría entre ellos con los brazos abiertos, creyéndose una de ellos, sintiéndose feliz.
Día veintiocho, febrero 11 del 2020.
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