Gente, la felicidad se da de instantes y acabo de comprobarlo, probarlo y re- probarlo (no reprobarlo, aclaro), acabo de saborear los engendros mentales que alguna vez salieron de mi mente. Sabe tan bien echar un vistazo a lo que alguna vez sentiste o pensaste o creaste en alguna etapa distinta a la que ahora vives.
Si tan sólo pudiera decirles algo, les diría que este día ha sido estupendamente maravilloso en muchos sentidos, ha sido el día de recuperar lo perdido y volver a sentir aquello que no recodábamos, de sentir recuperadas tantas y tantas cosas que sería casi imposible de decir por escrito, o hablado, o de cualquier otra manera que conozca.
¡Ah! la vida es bella y no lo recordaba tan claramente como ahora, ¡qué bello es saber que tienes páginas de sentires de antaño, letras y letras de sentimientos que no recordabas haber tenido, sonrisas guardadas y melancolías absurdas ahora, probablemente, pero que tuvieron fuerza en su momento, en su hoy, en mi ayer! ¡Qué bello cuando me hablo así! Cuando me toco las retinas con palabras que atesoran recuerdos que guardo celosamente como el mayor de los tesoros y, es que para las personas todas, indudablemente existe algo que nos hace sentir únicos y ubicados en lo que realmente somos, eso que de una u otra forma le muestra al mundo, sin decírselo directamente que aún en medio de las tribulaciones y nuestros fantasmas mentales, estamos contentos con lo que tenemos, con lo que tuvimos y por supuesto, con todo aquello que vendrá a saciar nuestras vidas de nuevas experiencias que nos harán reír y llorar: ¡vivir!
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