lunes, 27 de enero de 2020

Comida.

Cuando era niña, recuerdo que cada sábado la comida era filete de cazón empanizado, arroz blanco, ensalada de lechuga con jitomate, y sus papitas a la francesa, lo acompañábamos con tostadas y galletas saladas, era una delicia sabatina, bueno, es. Hace unas semanas le comenté a mi mamá lo bonito que sentía tener ese tipo de recuerdos y lo agradable de haber tenido una tradición que por una u otra causa no se había continuado, así que acordamos hacerlo cuando fuera posible. Ese día no se pudo, teníamos una comida fuera, también los siguientes fines de semana y así continuamos hasta hace un par de semanas que por fin se me hizo, sólo que en esta ocasión yo cociné.
La comida siempre ha sido importante para mí, jamás supe de niña lo afortunada que fui al comer todos los días con mi familia junta, papá tuvo la oportunidad de venir a casa entre su trabajo y nosotros la fortuna de que así fuera. Cuando llegaba, él se disponía a preparar el agua fresca de la fruta disponible o, a veces, cuando uno es chico, disfruta las chucherías y, nos consentía con algún sobre de polvo para bebida sabor uva o, nos mandaba a la tienda por refrescos (a alguno de los hijos) y sonaba la orquesta golpeándose un casco de cristal contra otro dentro de la bolsa de costal pero, eso era muy raro, la gran mayoría acompañábamos los alimentos con el agua recién preparada por él, lo recuerdo exprimiendo las naranjas con sus manos, o desbaratando las guanábanas, colando la jamaica o el tamarindo… después, tomaba una siesta, no sé cómo le hacía pero parecía caer dormido al instante en que ponía la cabeza a la almohada y se levantaba al poco rato, se lavaba la cara, la boca y se peinaba y perfumaba de nuevo, a veces, si andábamos cerca, se echaba su loción u agua de colonia en las manos, las frotaba, nos hablaba y nosotros solo íbamos a poner la cara para que nos la frotara con el aroma que se ponía, al irse, le dábamos un beso y lo acompañábamos a la puerta, siempre con la frase "que te vaya bien, que Dios te bendiga y que Dios te cuide", mi papá volteaba, sonreía y arrancaba.
Ahora que lo pienso ha de haber sido una locura ver a ocho mocosos hacer ese ritual, pero también era una locura bastante bella que mamá nos inculcó para recibirlo cada tarde y la frase con que lo despedimos cada vez surtió efecto porque siempre regresó con bien a casa.
Hablando de comidas, hace unos días mi abuelito materno hubiera cumplido cien años, en mi imaginación ocurrió un evento grandísimo por ello, digo, así habría sido porque pensar en dieciséis de enero era saber que tenía que vestir bonito y prepararme para comer pollito con mole o pipián o carnitas recién hechas acompañado de sopa de arroz, frijoles fritos y antes, tortilla recién hecha, mientras el mariachi tocaba de fondo, de niños corríamos corral adentro y jamás interferimos entre los adultos, los hombres, a veces sacaban el dominó y se ponían a jugar, recuerdo mucho al tío Melín, un viejito calvo, güerito de ojos azules que me recordaba a Elmer de las caricaturas y me daba mucha ternura, en realidad no era mi tío, fue un buen amigo de mi Tatita (así le decíamos a mi abuelito) pero siempre nos hablaba tan cariñosamente que el "tío" se lo ganó.
Ahora de adulta, la comida cambió, por los roles y horarios la vida va cambiando, últimamente comemos mucho fuera, más que antes, en la playa conocemos el lugar para comer casero, barato y rico, en la ciudad a veces la opción es pedir comida ya hecha, sacar algo del congelador a calentar (y es que costco nos ha hecho la vida más práctica y floja) o, a veces, el día que caiga, decidir a irnos a Cajititlán a gorditas, de ahí nos pasamos a Chapala a terminar de seducir el paladar con una nieve, a veces nos vamos directo a Chapala donde también tenemos el lugar predilecto o, a Mezcala donde también se comen pescados y mariscos deliciosos y a un buen precio, mientras se siente la brisa del lago.
Curiosamente, una de las comidas que más recuerdo de adulta son a las que he ido cada año desde hace varios años en mi parroquia, se hace en cuaresma como convivencia entre los grupos dentro de un sábado especial de retiro, bueno, se hizo, ahora han habido cambios y no sé si siga eso pero, indudablemente es de las comidas que más recuerdos me han dejado. El día comienza al medio día, oraciones, charlas, exposición del Santísimo, alguna actividad, en realidad un retiro muy breve que terminaba tarde- noche o con la misa de 7:30pm y tenía entre las actividades la comida, en la parte baja de la parroquia (abajo, tal cual, está el auditorio y algunos salones) se ponían mesas y sillas alrededor y nos acomodábamos a compartir alimentos, era una forma bonita de acercamiento y conocimiento aunque fuera de manera breve entre nosotros y los sacerdotes.
La comida es una bendición muy grande, no importa mucho qué sea mientras se disfrute el alimento y la compañía, hace poco estaba con mis hermanos comiendo unos tacos de barbacoa, vi a una niña disfrutando cada mordida que me dio gusto verla comer pero, al mismo tiempo me recordó a alguien y mi mente no tardó mucho en asimilar a quién me remitía, días atrás tuve la oportunidad de compartir ese momento tan preciado con un amigo muy querido, habíamos comido varias veces en la misma reunión pero no solos y frente a frente, entre pláticas comimos y comimos entre pláticas, me había dicho de unas tostadas que le gustaban mucho y fuimos, siempre es grata su presencia pero jamás le había prestado atención al verlo comer, disfrutaba cada bocado que de verdad se antojaba comer y como me pasó con la niña, daba gusto verlo hacerlo, se contagiaba las ganas de comer así de rico, de saborear…
Quisiera concluir esto con algo lindo, con algo útil, a veces solo divago respecto a algo y, hoy lo hice con la comida, al principio no sabía ni qué decir, ha sido de los escritos más largos del desafío y obvio, Cantinfleando como siempre, no quería escribir solo por hacerlo ni verme como una gorda que nomás piensa en comida, pero la comida es mucho más que el hecho de echarse bocados, es esa hora del día que a veces corriendo nos echamos un taco o, tomamos pan de caja, jamón y rápido un sándwich, otras es más relajado pero que siempre, a mi ver, se disfruta y vale más si se hace con una buena compañía.

Día trece, enero 27 del 2020.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario