Cada uno le va midiendo la temperatura a las llamas de nuestro propio infierno, a veces por el calor de un coraje infundado, otras por no saber sofocar nuestras pasiones.
Y vamos sintiendo como quema y desbarata cada parte de nuestro inerte cuerpo, el alma se queda anonadada, la piel va ardiendo mientras el fuego va recorriendo milímetro a milímetro de nuestro ser.
Y el fuego arde ante muchas situaciones, y arde por diferentes causas, y en el camino recorre habitaciones permanentes y otras temporales, como salas de museo instaladas en nuestra humanidad.
Un fuego ardiendo como lava por la mirada de la persona amada, por una caricia que no tenía la intención, por el momento etéreo y pasajero de un instante en la cama, rencores almacenados, pasatiempos y amor.
Día ocho, enero 22 del 2020.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario