Abrí los ojos, por un momento la luz los turbó después de tanta oscuridad, esa pequeña luminosidad casi cegaba, así pasa si tenemos mucho tiempo los ojos cerrados, nos acostumbramos a vivir como ciegos haciendo las cosas en penumbras, creyendo que sólo lo que nuestras manos toquen es lo cierto y tangible que olvidamos esas que el alma puede ver, sentir, que muchas de ellas son la luz que ilumina nuestros caminos, que aunque vivamos reconociendo la vida diaria en braille, siempre habrá una luz en el interior de cada uno de nosotros, esa luminiscencia que saque chispas y prenda esa pirotecnia que nos haga sentir vivos.
Día quince, enero 29 del 2020.
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