La primera vez que fui a su casa se puso a cocinar, sacó del refri un paquete de manteca y en la sartén rompió el cascarón del huevo, lo virtió sobre ella caliente, añadió sal molida y medio mezclo, era un huevo "revuelto y estrellado". No pude más que pensar las disimilitudes culinarias, yo vierto el huevito primero en un vaso, lo bato si será revuelto, lo echo a la sartén si será estrellado, utilizo aceite y sal de grano, cuando lo vi pensé que cuando uno se une a otra persona batalla hasta por esas insignificancias y esos detallitos a veces son tan inmensos, que te colman el plato hasta el huevo, pero uno empieza a lidiar y trabajar en ello para llevar la fiesta en paz, para que sea más el festín y pasarla a todos huevos y que no te cueste uno, aunque en ocasiones lavar la loza para tener todo perfecto te dé una hueva enorme, y al final, descubrir que las metáforas relacionadas con la cocina son lo más parecido a la realidad porque en muchas ocasiones hay que morderse un huevo para vivir en paz.
Día catorce, enero 28 del 2020.
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