jueves, 13 de febrero de 2020

Píldora.

Alguna vez en una clase de la universidad nos dijeron el origen de la frase "dorar la píldora", el cual viene de tiempos remotos en que las pastillas tenías un sabor feo y amargo (aún muchísimas) y, los boticarios para disminuir ese sabor tenían a bien rebozarlas en una sustancia azucarada dorada que cumplía con su labor (me imagino como una especie de caramelo).
Pues bien, algo así nació la expresión esa, de algo tan común y, es curioso cómo después de muchos años la farmacéutica ha ido renovándose: capa entérica, gel, efervescencia… y, nosotros seguimos cayendo ante una falsa sonrisa, antes palabras dulces y aduladoras, es increíble lo inteligentes que somos en tantos aspectos y lo ingenuos que seguimos siendo en otros, como dejarnos dorar la píldora, a sabiendas o no.

Día treinta, febrero 13 del 2020.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Libro.

Se quedó un momento en blanco, impávido ante el papel y con la pluma en la mano, había puesto un punto, no estaba seguro de poner dos más y quedar en suspenso, no supo si quería seguir o si sería el final, decidió que era final y aparte, porque la historia continuaría, pero ese libro ya estaba terminado.

Día veintinueve, febrero 12 del 2020.

martes, 11 de febrero de 2020

Trigo.

De niña siempre tuvo el cabello dorado y largo, su madre peinaba su lacia cabellera sentada en las escaleras de la entrada mirando el atardecer en esa vieja casa de campo en medio de la nada.
- Tienes el cabello como todos estos campos de trigo que nos rodean.
Le decía amorosa mientras pasaba el cepillo una y otra vez, en una ocasión empezó a jugar con su melena y le hizo varias trenzas, sonrió satisfecha porque tal trenzado semejaba a las espigas de trigo que tanto le fascinaban.
La cabellera de la pequeña niña brillaba con el sol de aquella tarde, era el plantío más bonito de todo el campo, el único que andaba de un lado a otro, mientras los trigales bailaban meciéndose a merced del viento como alabando al sol que se ocultaba entre los cerros, la niña corría entre ellos con los brazos abiertos, creyéndose una de ellos, sintiéndose feliz.

Día veintiocho, febrero 11 del 2020.

lunes, 10 de febrero de 2020

Fotografía.

Una fotografía, abrazados, sonriendo, en aquella feria, esa fotografía aprobada por ambos (en que los dos lucían bien), tomándose de la cintura, ella sentada en un banco alto, él parado a su lado, ella reposando ligeramente su rostro en el pecho de él, posando con una sonrisa auténtica como auténticos eran los momentos juntos, tomada con el celular de él, una promesa de pasársela después, una única vez que ella vio esa fotografía, mil veces de "la tengo guardada en la computadora", una vez de "la verdad no te la voy a pasar, cuando muera será tu herencia", una fotografía que jamás se imprimió ni puso en un marco, una promesa que jamás se cumplirá, porque lo que hubo entre ellos murió mucho antes que uno de dos.

Día veintisiete, febrero 10 del 2020.

domingo, 9 de febrero de 2020

Techo.

Todos tenemos un techo que nos cobija del que no siempre estamos consientes, ese manto azuloso con estrellas que inspira a poetas y artistas, o, ese enorme lienzo azul claro que se pinta de colores en el ocaso y que en el día se reviste de nubes y los rayos del sol, ese techo que es más visto y disfrutado por niños queriendo encontrar forma a las bolitas de algodón que ahí se encuentran. Otros, por desgracia no todos, contamos con un techo que nos cubra del frío, del sol, de la lluvia, de las inclemencias del tiempo, uno hecho de madera, cartón, lámina, fibra de vidrio, ladrillos, cemento o hasta vidrio, según el poder adquisitivo y la extravagancia. Pero, ese techo no se compara al primero, sí, nos conforta, respalda y da esa sensación de cuidado pero, ¿qué sentido tiene llegar un día y sólo poder ver hacia arriba postrado en una cama?, ¿qué sentido no ver el techo que Dios nos regala cada día y que siempre cambia si no volteamos a verlo?, ¿de verdad esperaremos a ansiar mirar otra cosa, a mirar las nubes y estrellas mutando que sólo ese pedazo de concreto, si es que a eso llegamos?
Nunca volteamos arriba, o casi nunca, ni para ver el techo de nuestra habitación o de alguna parte de nuestra vivienda, a excepción claro de cuando hay una gotera, tampoco vemos techos ajenos más que de museos o iglesias, o, al menos yo sí, pero en serio, se sorprenderían de la magnificencia que hay arriba.

Día veintiséis, febrero 09 del 2020.

sábado, 8 de febrero de 2020

Avión.

Julio se acomodó los lentes y el cinturón, sabía que era un vuelo riesgoso, hacía viento y cada vez se nublaba más, aún así siguió adelante, abrió la puerta del patio y con fuerzas lanzó el avión de papel que después de muchos intentos por fin pudo doblar y hacer que uno volara, en su imaginación era el mejor piloto, al ver el avión sacudiéndose por el aire que lo sacudía se sentía victorioso. Cuando empezó a llover y el avioncito se desplomó a una pileta que había donde los pájaros tomaban agua… "debí haber hecho un modelo híbrido por si había acuatizaje", pensó y se metió a ver la televisión.

Día veinticinco, febrero 09 del 2020.

viernes, 7 de febrero de 2020

Puerta.

Dicen, que no es ladrón el que entra por la puerta, tal vez sea cierto. No podemos renegar con alguien más que con nosotros mismos por tender en charola de plata lo que poseemos a alguien que quizá no lo aprecie del todo, que lo tome y se lo lleve, sí, pero no para tratarlo bien o valorarlo, así pasa con lo que guardamos en nuestro interior. Nos hartamos de abrirnos y decidimos dar un portazo fuerte y firme, que de nada sirve porque sacamos copia de la llave que la abre o, la ponemos bajo el tapete o escondemos en una maceta pero, no tiene caso llamarle escondite a algo que se comparte con alguien que no es el dueño, el "escondrijo secreto" deja de serlo y abre paso a cualquier intruso (aunque no lo parezca), para darle la bienvenida y entrar cuando se le plazca. Y, tampoco hay que cerrarla con protecciones exageradas o vivir con la puerta entreabierta, colocarle una mirilla sería suficiente.

Día veinticuatro, febrero 07 del 2020.

jueves, 6 de febrero de 2020

Agua.

De tu boca a mi boca
De tu piel a mi piel
Erosionando en ambos
En plena candidez
Arrastrándose en ello
En sus corrientes aguas
Apaciguándose
En su quieto vaivén
Satisfaciendo sed
Refrescándose con la mirada
Sellando la compuerta
De la presa
Que hemos construido
Desbordándose
Sin cruzar palabra
Recorriendo río abajo
Y descubrir los mares
Y el ímpetu de sus caudales
Las cascadas
Dejando caer el agua
Hasta perderse
En su espuma
En su brisa
En el manantial
De las almas.

Día veintitrés, febrero 06 del 2020.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Blanco.

Lo que siento por ti es blanco, puro, transparente, no ha habido amor que sienta igual, se ha teñido de rojo con pasión desbordante, de rosa por la ternura y la amistad, de tonos grisáceos o negros cuando entristezco, enfurezco, me encelo… pero siempre el fondo es blanco, siempre blanco sin importar las vetas que lo tiñan. Porque, he preferido tenerte lejos con tal de que estés bien, porque pido por tu felicidad aunque sepa que no es a mi lado, porque no he pedido a Dios tanta alegría para nadie (¡y vaya que lo pido para muchos!), como le he implorado te la de a ti.

Día veintidós, febrero 05 del 2020.

martes, 4 de febrero de 2020

Fruta.

Todo empieza con una semilla, como todo, unas más diminutas que otras y al final, si bien va, todo produce frutos, florea, con diferentes tiempos, a diferentes ritmos, en distintas temporadas… Nada da el mismo fruto si se es diferente, los olivos dan aceitunas; los cerezos, cerezas; los naranjos, naranjas y así… No puede un papayo pretender dar peras, debemos ser consientes que no podemos dar lo que no hemos sembrado, no puede florecer lo que no se riega constantemente, mucho menos dar frutos. Todos quisiéramos ser una suculenta fruta que agrade a todos pero, para gustos los colores y, también de ello hay que estar consientes, habrá a quienes le demos lo mismo, a quien ni siquiera soporte escuchar de nosotros y otros, a quienes fascinemos, no olvidemos regar diario nuestra plantita interior para compartir la fruta que hay en cada uno pero, también hay que cuidar de no ser fruto de tentación de otros plantíos.

Día veintiuno, febrero 04 del 2020.

lunes, 3 de febrero de 2020

Estrella.

Pequeña luz de mi alma
Luz que me llena de calma
Que entra por la ventana
Y que reposa en mi cama
Con su fulgor luminoso
Que espanta lo tenebroso
Iluminando el camino
De los reyes valerosos
Siguiendo a la más potente
A la estrella más radiante
Incansables caminantes
Encontrando al omnipotente.

Día veinte, febrero 03 del 2020.

domingo, 2 de febrero de 2020

Muerte.

Dormía profundamente cuando se apareció, él, pareciera que sintió su presencia, sin abrir los ojos sonrió con gran ternura, con la boca cerrada, ella se acercó a él y le dio una cálida y al mismo tiempo helada caricia, él suspiró, se inclinó sobre él como para aspirar su aliento, el último, él entre abrió los ojos y los labios, la imagen de la muerte se impregnó en sus pupilas, le dio un beso en la frente, y su alma se llevó.

Día diecinueve, febrero 02 del 2020.

sábado, 1 de febrero de 2020

Pañuelo.

Dije, "la vida es un pañuelo", "con mocos", dijeron al unísono Montse y Natascha, tienen razón y, a veces ese pañuelo está mojado de lágrimas o arrugado y sucio o, limpio, bien doblado pero sin ser usado, en un cajón.
Alguna vez también tuve etapa de pañuelo, por algo extraño en el universo era la persona indicada de conocidos y desconocidos para descargar en mí la suciedad que poseían en el interior, para secar sus lágrimas, la metáfora de decir que el mundo es tan pequeño que cabe dentro de un trozo de tela es ambigua, sabemos nada de todo y de todo un poco, la vida misma lo es, nosotros lo somos, y, a veces, sólo somos un pañuelo desechable.

Día dieciocho, febrero 01 del 2020.

viernes, 31 de enero de 2020

Dientes.

De niña tomaba un diente de león del campo o algún lote baldío, me gustaba ver volar las pequeñas partículas con el aire o con el que yo expulsaba con mis labios. Después oí la creencia de que hacerlo y lograr que se desprendieran todas las ramitas de un soplido te concedía algún deseo… caminé hacia el jardín más cercano en busca de uno, a estas alturas de la vida, creer me hace falta y que se me conceda algo sería un milagro. Lo encontré entre mucha otra hierba y flores amarillas de los dientes de león, yo quería la semilla, esa esfera de pelitos blanquecinos sostenidos de un tallo flacucho, lo arranqué con cuidado, cerré los ojos -porque cerrarlos da más fuerza a los deseos, según yo-, respiré profundo y sople con fuerza, se desprendieron todos y, estoy esperando que se me haga realidad.

Día diecisiete, enero 30 del 2020.

jueves, 30 de enero de 2020

Vida.

¿Se han preguntado qué frágil es la vida? Llega con un gemido y se va en un suspiro. ¡Cuán efímera es! Hay quien teniendo vida parecen muertos vivientes, haciéndolo solo por el simple hecho de respirar, otros en cambio se la viven queriéndose pasar de vivos, pero hay quienes viven para darse a los demás, para dar vida a los otros, para llevar esa chispita de alegría que nos hace sentir vivos, que esperanza la vida y, es de quienes nos debemos rodear, de aquellos que son alicientes, de los que den fruto a nuestra vida, no de quienes la hagan estéril.

Día dieciséis, enero 30 del 2020.

miércoles, 29 de enero de 2020

Luz.

Abrí los ojos, por un momento la luz los turbó después de tanta oscuridad, esa pequeña luminosidad casi cegaba, así pasa si tenemos mucho tiempo los ojos cerrados, nos acostumbramos a vivir como ciegos haciendo las cosas en penumbras, creyendo que sólo lo que nuestras manos toquen es lo cierto y tangible que olvidamos esas que el alma puede ver, sentir, que muchas de ellas son la luz que ilumina nuestros caminos, que aunque vivamos reconociendo la vida diaria en braille, siempre habrá una luz en el interior de cada uno de nosotros, esa luminiscencia que saque chispas y prenda esa pirotecnia que nos haga sentir vivos.

Día quince, enero 29 del 2020.

martes, 28 de enero de 2020

Huevo.

La primera vez que fui a su casa se puso a cocinar, sacó del refri un paquete de manteca y en la sartén rompió el cascarón del huevo, lo virtió sobre ella caliente, añadió sal molida y medio mezclo, era un huevo "revuelto y estrellado". No pude más que pensar las disimilitudes culinarias, yo vierto el huevito primero en un vaso, lo bato si será revuelto, lo echo a la sartén si será estrellado, utilizo aceite y sal de grano, cuando lo vi pensé que cuando uno se une a otra persona batalla hasta por esas insignificancias y esos detallitos a veces son tan inmensos, que te colman el plato hasta el huevo, pero uno empieza a lidiar y trabajar en ello para llevar la fiesta en paz, para que sea más el festín y pasarla a todos huevos y que no te cueste uno, aunque en ocasiones lavar la loza para tener todo perfecto te dé una hueva enorme, y al final, descubrir que las metáforas relacionadas con la cocina son lo más parecido a la realidad porque en muchas ocasiones hay que morderse un huevo para vivir en paz.

Día catorce, enero 28 del 2020.

lunes, 27 de enero de 2020

Comida.

Cuando era niña, recuerdo que cada sábado la comida era filete de cazón empanizado, arroz blanco, ensalada de lechuga con jitomate, y sus papitas a la francesa, lo acompañábamos con tostadas y galletas saladas, era una delicia sabatina, bueno, es. Hace unas semanas le comenté a mi mamá lo bonito que sentía tener ese tipo de recuerdos y lo agradable de haber tenido una tradición que por una u otra causa no se había continuado, así que acordamos hacerlo cuando fuera posible. Ese día no se pudo, teníamos una comida fuera, también los siguientes fines de semana y así continuamos hasta hace un par de semanas que por fin se me hizo, sólo que en esta ocasión yo cociné.
La comida siempre ha sido importante para mí, jamás supe de niña lo afortunada que fui al comer todos los días con mi familia junta, papá tuvo la oportunidad de venir a casa entre su trabajo y nosotros la fortuna de que así fuera. Cuando llegaba, él se disponía a preparar el agua fresca de la fruta disponible o, a veces, cuando uno es chico, disfruta las chucherías y, nos consentía con algún sobre de polvo para bebida sabor uva o, nos mandaba a la tienda por refrescos (a alguno de los hijos) y sonaba la orquesta golpeándose un casco de cristal contra otro dentro de la bolsa de costal pero, eso era muy raro, la gran mayoría acompañábamos los alimentos con el agua recién preparada por él, lo recuerdo exprimiendo las naranjas con sus manos, o desbaratando las guanábanas, colando la jamaica o el tamarindo… después, tomaba una siesta, no sé cómo le hacía pero parecía caer dormido al instante en que ponía la cabeza a la almohada y se levantaba al poco rato, se lavaba la cara, la boca y se peinaba y perfumaba de nuevo, a veces, si andábamos cerca, se echaba su loción u agua de colonia en las manos, las frotaba, nos hablaba y nosotros solo íbamos a poner la cara para que nos la frotara con el aroma que se ponía, al irse, le dábamos un beso y lo acompañábamos a la puerta, siempre con la frase "que te vaya bien, que Dios te bendiga y que Dios te cuide", mi papá volteaba, sonreía y arrancaba.
Ahora que lo pienso ha de haber sido una locura ver a ocho mocosos hacer ese ritual, pero también era una locura bastante bella que mamá nos inculcó para recibirlo cada tarde y la frase con que lo despedimos cada vez surtió efecto porque siempre regresó con bien a casa.
Hablando de comidas, hace unos días mi abuelito materno hubiera cumplido cien años, en mi imaginación ocurrió un evento grandísimo por ello, digo, así habría sido porque pensar en dieciséis de enero era saber que tenía que vestir bonito y prepararme para comer pollito con mole o pipián o carnitas recién hechas acompañado de sopa de arroz, frijoles fritos y antes, tortilla recién hecha, mientras el mariachi tocaba de fondo, de niños corríamos corral adentro y jamás interferimos entre los adultos, los hombres, a veces sacaban el dominó y se ponían a jugar, recuerdo mucho al tío Melín, un viejito calvo, güerito de ojos azules que me recordaba a Elmer de las caricaturas y me daba mucha ternura, en realidad no era mi tío, fue un buen amigo de mi Tatita (así le decíamos a mi abuelito) pero siempre nos hablaba tan cariñosamente que el "tío" se lo ganó.
Ahora de adulta, la comida cambió, por los roles y horarios la vida va cambiando, últimamente comemos mucho fuera, más que antes, en la playa conocemos el lugar para comer casero, barato y rico, en la ciudad a veces la opción es pedir comida ya hecha, sacar algo del congelador a calentar (y es que costco nos ha hecho la vida más práctica y floja) o, a veces, el día que caiga, decidir a irnos a Cajititlán a gorditas, de ahí nos pasamos a Chapala a terminar de seducir el paladar con una nieve, a veces nos vamos directo a Chapala donde también tenemos el lugar predilecto o, a Mezcala donde también se comen pescados y mariscos deliciosos y a un buen precio, mientras se siente la brisa del lago.
Curiosamente, una de las comidas que más recuerdo de adulta son a las que he ido cada año desde hace varios años en mi parroquia, se hace en cuaresma como convivencia entre los grupos dentro de un sábado especial de retiro, bueno, se hizo, ahora han habido cambios y no sé si siga eso pero, indudablemente es de las comidas que más recuerdos me han dejado. El día comienza al medio día, oraciones, charlas, exposición del Santísimo, alguna actividad, en realidad un retiro muy breve que terminaba tarde- noche o con la misa de 7:30pm y tenía entre las actividades la comida, en la parte baja de la parroquia (abajo, tal cual, está el auditorio y algunos salones) se ponían mesas y sillas alrededor y nos acomodábamos a compartir alimentos, era una forma bonita de acercamiento y conocimiento aunque fuera de manera breve entre nosotros y los sacerdotes.
La comida es una bendición muy grande, no importa mucho qué sea mientras se disfrute el alimento y la compañía, hace poco estaba con mis hermanos comiendo unos tacos de barbacoa, vi a una niña disfrutando cada mordida que me dio gusto verla comer pero, al mismo tiempo me recordó a alguien y mi mente no tardó mucho en asimilar a quién me remitía, días atrás tuve la oportunidad de compartir ese momento tan preciado con un amigo muy querido, habíamos comido varias veces en la misma reunión pero no solos y frente a frente, entre pláticas comimos y comimos entre pláticas, me había dicho de unas tostadas que le gustaban mucho y fuimos, siempre es grata su presencia pero jamás le había prestado atención al verlo comer, disfrutaba cada bocado que de verdad se antojaba comer y como me pasó con la niña, daba gusto verlo hacerlo, se contagiaba las ganas de comer así de rico, de saborear…
Quisiera concluir esto con algo lindo, con algo útil, a veces solo divago respecto a algo y, hoy lo hice con la comida, al principio no sabía ni qué decir, ha sido de los escritos más largos del desafío y obvio, Cantinfleando como siempre, no quería escribir solo por hacerlo ni verme como una gorda que nomás piensa en comida, pero la comida es mucho más que el hecho de echarse bocados, es esa hora del día que a veces corriendo nos echamos un taco o, tomamos pan de caja, jamón y rápido un sándwich, otras es más relajado pero que siempre, a mi ver, se disfruta y vale más si se hace con una buena compañía.

Día trece, enero 27 del 2020.

domingo, 26 de enero de 2020

Escritorio.

Hay un fiel testigo en casa, un acompañante y cómplice de tareas, trabajos y vida personal, me he recargado con fatiga y tristeza, he cabeceado en él, me he inspirado, he comido, dibujado, escrito, rayado, cortado, reído, llorado, el escritorio ha soportado no solo la computadora, impresora, y papeles, ha podido conmigo tendida en él intentando buscar respuestas a mil interrogantes, perplejo ante las dudas que a veces me invaden y escuchando en silencio mis pesares, en sus cajones he guardado documentos de mayor o menor importancia, tintas secas, desgastadas, nuevas e inservibles, he escrito a mano con diversos instrumentos, o directamente con el teclado, he almacenado en sus adentros cintas, clips, grapas y pegamentos, acudo a él cuando lo necesito porque sé que siempre encontraré un complemento perfecto a mis necesidades, un escritorio es como un amigo cercano dispuesto a sostener los pensamientos y acciones, es básico en un rincón de la casa y, tal vez nunca lo había pensado.

Día doce, enero 26 del 2020.

sábado, 25 de enero de 2020

Ceniza.

No quedó ni una sola partícula, ¿estás segura?, eso le dijiste a él y te lo repetiste a ti misma camino al trabajo, frente al espejo todas las mañanas, en las noches apretando tu almohada.
Quemé lo nuestro, le dijiste, ya no queda vestigio alguno ni ceniza de lo que un día fuimos, si es que fuimos. El fuego quema, destroza y también purifica, las cenizas suelen atorarse en la garganta y dejar una leve sensación de asfixia. ¿Qué es lo que hay ahora, fuego, ceniza o nada?

Día once, enero 25 del 2020.

viernes, 24 de enero de 2020

Flores.

Le regaló las flores más preciosas, pocas, muchas, de colores, conquistó su corazón, no con ellas, pero sí con ellas complementó esa osadía, le dio flores para resaltar que ella era la más hermosa, una flor que combinó a la perfección con su vestido, una rosa como celebración y, de todas las flores, esa rosa fue la que la marcó, la olvidó ella en el auto y él se la aventó.

Día diez, enero 24 del 2020.

jueves, 23 de enero de 2020

Mascota.

En el preescolar usaba una batita azul claro con blanco con bies también blanco alrededor y unas pequeñas bolsas al frente.
Siempre me fascinó esa tela, recuerdo ropa rosa y amarilla en diferentes estilos, los cuadros mezclándose el color con el blanco me parece hasta la fecha hipnótico.
Ese tipo de tela es como básico en batas escolares o de pintura, a veces pasa desapercibido en revistas y otros años tiene mayor auge, también es como muy "estilo campesino".
Y, ahora que lo pienso, incluso hay tapas metálicas de los frascos de mermeladas que lucen la cuadrícula imitando la tela que en algunos lugares usan para sus conservas.
La tela mascota es variada en colores, la azul me remite a uniformes, con la roja pienso en la servilleta de las tortillas o si el estampado es más grande, en un mantel de picnic. Hace tiempo vi un traje de baño con estampado de mascota, pero no había de mi talla. Ahora que lo pienso, me gusta más de lo que pensé.

Día nueve, enero 23 del 2020.

miércoles, 22 de enero de 2020

Fuego.

Cada uno le va midiendo la temperatura a las llamas de nuestro propio infierno, a veces por el calor de un coraje infundado, otras por no saber sofocar nuestras pasiones.
Y vamos sintiendo como quema y desbarata cada parte de nuestro inerte cuerpo, el alma se queda anonadada, la piel va ardiendo mientras el fuego va recorriendo milímetro a milímetro de nuestro ser.
Y el fuego arde ante muchas situaciones, y arde por diferentes causas, y en el camino recorre habitaciones permanentes y otras temporales, como salas de museo instaladas en nuestra humanidad.
Un fuego ardiendo como lava por la mirada de la persona amada, por una caricia que no tenía la intención, por el momento etéreo y pasajero de un instante en la cama, rencores almacenados, pasatiempos y amor.

Día ocho, enero 22 del 2020.

martes, 21 de enero de 2020

Ciudad.

El sol emerge refulgente apabullando las numerosas construcciones, asfaltos ceden el paso a sus rayos que abrazan de menor a mayor fuerza los vehículos que brotan de la nada y pululan de un lado a otro sin descanso, el astro rey va mirando cada rincón de ese espacio, emitiendo su calor y abrigando desde la edificación más pequeña hasta los cada vez más imponentes monstruos que se levantan ante la imperante necesidad de tener más espacio ahí dónde muchos habitan pero ya pocos caben. La tierra sigue girando, como lo hace día a día, el sol termina su jornada y trae puesta su cobija azulada donde a veces, se pueden ver más destellos radiantes, cada noche es distinta, en unas ocasiones el manto cambia la forma de la luna, algunas se ven nubes y otras es más oscura, los reflejos tintinean poco o mucho dependiendo de lo que abajo pase, los vehículos poco descansan, las luces artificiales hacen que uno olvide que arriba hay maravillosas poesías de luz propia, los sonidos se pierden entre los que se generan falsamente y se inhabilitan los oídos a la naturaleza, eso suele pasar, si se vive en ciudad.

Día siete, 21 de enero de 2020.

lunes, 20 de enero de 2020

Diario.

Querido diario: me siento extraña, ayer fueron tres semanas que murió mi tía y aún siento que no me cae el veinte, el fin de semana sonó el teléfono muchas veces y lo ignoré, cuando me preguntaron por qué no contesté estando cerca solté el llanto.
Querido diario, siento que no he llorado lo suficiente, que no he podido hacerlo fluido, ella, fue con quien crecí, la más cercana a mamá y, siento que ella tampoco ha digerido del todo este suceso.
No contesté el teléfono porque no contestaría ella del otro lado, porque sé que eso no es posible, porque jamás volverá a llamar a casa y, es raro y duele.
Querido diario, estoy llorando, es difícil escribir desde el corazón y difícil publicarlo, creo que ha sido lo más sincero que he escrito en lo que va del año. La extraño mucho.

Día seis. 20 de enero del 2020.

domingo, 19 de enero de 2020

Naranja.

Cuando inicié este desafío me recordó a mi clase de "introducción a los estudios literarios" en que la maestra Lupita, nos hizo escribir textos de una palabra elegida al azar.
Al ver la palabra del día pensé en la canción "verano naranja", la tarareo a veces y me pone contenta, la conocí mientras hacía mi servicio social en la radiodifusora del estado, esa canción siempre me da alegría, como recordar los tiempos en que colaboraba con los niñitos que grababan el programa, una vez, por casualidad, varias personas del equipo de trabajo y de los niños, coincidimos en ir vestidos de un mismo color, amarillo, nos pareció tan fantástico que lo impusimos a cada martes de grabación, y así siguieron el rojo, el azul, el verde, el café, el negro, morado, naranja…
Naranja, como el pastel que mi mamá nos prepara, a veces le añade nueces, a veces le agrego pasas, ese pan es una delicia, ¡quién iba a pensar que lo aprendió viendo a su tía prepararlo en un brasero!
Ese pan de naranja ha sido un delicioso legado, a mi hermano y a mí nos gusta hacerlo, mi cuñada nos pidió la receta y le ha quedado espectacular.
Cuando recién lo conocí, le hornee uno de cumpleaños, pero de chocolate, le encantó, y me agradeció la elección porque el chocolate le encanta, pero la naranja no. Una tarde especial que él vestía de ese color, me besó y, ahora ese color y sabor lo relaciono con él, y, también como la canción o, como cuando me encanta ver el cielo vestido de arrebol con sus rojizos, rosados y anaranjados hilos, me hacen sentir contenta, me hace sonreír, pero, eso es normal, o al menos eso dice la psicología el color.
P.d. perdón por Cantinflear como siempre.

Día cinco, 19 de enero del 2020.

sábado, 18 de enero de 2020

Reloj.

Eran las tres de la tarde, Imelda esperaba ansiosa la llegada de la noche para ver a su amado, comió un pollo a la plancha con verduras al vapor, al terminar tomó un té de limón, estaba contenta y en el transcurso de la tarde leía un poco mientras daban las seis para ver su novela favorita, cuando acababa se ponía a tejer una cobija de poquito en poquito, el tiempo corría a su ritmo, a veces le parecía eterno porque tenía una adicción a Enrique difícil de describir, Imelda era paciente, el tiempo con él parecía volar, Enrique también la amaba, también tenía una adicción a ella que los demás poco podían entender, salió del trabajo jubiloso, tomó las llaves del auto para ver a su esposa, se le había hecho tarde y estaba desesperado porque esos minutos menos para él eran vitales, quería estar con su ella.
Eran casi las diez, la cena ya estaba lista, servida estaba la mesa, pero Enrique no llegaba, siempre fue muy puntual llegando a las ocho en punto, Imelda se preguntaba si el reloj funcionaba, el tiempo corría despacio si no se tenían al lado, de pronto sonó el teléfono con una triste llamada, por ir conduciendo a alta velocidad, tuvo una fatal llegada, al hospital regional y de ahí a la morgue cercana, se detuvo su reloj y el corazón de su amada.

Día cuatro, enero 18 del 2020.

viernes, 17 de enero de 2020

Vela.

Quería todo perfecto, siempre era así, el mejor cumpleaños, el marido perfecto, temía equivocarse, nunca lo hacía, se dispuso  a terminar los arreglos para el aniversario, hizo una lista para comprar lo que faltaba en el supermercado, encontró un candelabro precioso, idóneo para la ocasión, volvió a la casa, preparó la cena, se echó una manita de gato, también se perfumó, ya casi todo listo, casi todo perfecto pero se desquició, compró un bello candelabro, pero la vela no.

Día tres, enero 17 del 2020.

jueves, 16 de enero de 2020

Pájaro.

En mi diario les he hablado de papá, pero nunca he relatado esta historia.
Antes de morir mi padre, por la ventana de arriba entraba un pequeño pajarito, se metía a la cocina y se iba volando, una ocasión papi le dijo a mami que cuando él muriera regresaría así.
Tiempo después de su muerte, el pajarito volvió pero, ahora no sólo revoloteaba unos instantes en la cocina, caminaba por la sala y comedor moviendo la cabecita como reconociendo el lugar, del mismo modo entraba a la cocina y, así pasaba unos minutos diarios antes de volar de nuevo para salir de la casa.
Una tarde, después de ausencia del ave, salimos mi hermana y yo mientras mi mami quedó sola en casa, mi hermana se sentía mal y decidió volver, eso hizo y se recostó. Mamá en su cuarto vio una sombra revoloteando entrar y grito aterrada pensando era una mariposa negra, cuando mi hermana corrió a su auxilio (por el grito), se dieron cuenta que era el pájaro.
En esos días viajaríamos a Cancún, papá quería volver pero ya no se pudo, después de ver el comportamiento del pajarillo meses atrás, habíamos comentado que era papi cumpliendo su deseo de volver en forma de ave. Mamá recordó eso y el pájaro vuelto loco por todo el cuarto se posó sobre un postigo de la ventana.
- Cielo, - dijo mi mamá. - Si eres tú, párate aquí.
Estiró el brazo extendiendo el bastón que él usaba y el pájaro se puso en el extremo del mismo, volteó a ver a ambas y salió volando.
Días después, en Cancún, tuve la fortuna de hospedarme en un hotel que quedaba justo frente a una iglesia, me levanté para ir a misa de ocho de la mañana, estando ahí recordé a papá, pedí por él y le dije bajito que lo extrañaba y me hubiera gustado estar ahí con él, de repente, un ruido se escuchó en el vitral de la iglesia, un pájaro vino volando hacia mí, se paró a medio pasillo, se me quedó viendo, caminó hacia el altar y voló de nuevo al vitral.
Fue muy chistoso, fue una ¿curiosa coincidencia?, ¡no lo sé! Sólo sé que esas ocasiones fueron las últimas en que lo vimos.

Día dos, enero 16 del 2020.

miércoles, 15 de enero de 2020

Huella.

Me he bañado bien, eso creo, tomé un jabón neutro para que limpiara a profundidad, uno perfumado para aromatizar y uno en gel que usé con estropajo para exfoliar, quería oler a todo, después sequé mi cuerpo como frotando cada parte de mi piel, sin olvidar ninguna, mi rutina de belleza no aceptaba el secar "a toquecitos" para no maltratar la piel, aunque yo no quería hacerlo, tampoco quería maltratarla, por eso después de frotar mi cuerpo con la toalla, apliqué un bloqueador solar potente, inoloro porque la crema que puse enseguida tenía olor a vainilla y ya era un festival de aromas reverberando en mi epidermis, culminé con el perfume que tenía esa misma esencia para no descuadrar, pero no funcionó, no importa cuánto talle, raspe, perfume, cicatrice, exfolie, lave, y cubra, no funciona, nunca funciona, la huella de tus caricias aún habitan mi piel, aún siguen penetrando cada uno de sus poros, como tatuaje hecho con huellas dactilares invisible a los ojos.

Día uno, enero 15 del 2020.